Cinco pueblos blancos de Cádiz para una escapada de fin de semana
Una ruta corta por la sierra gaditana, de mirador en mirador, sin madrugones imposibles.
Los pueblos blancos de Cádiz son uno de esos planes que parecen pensados para un fin de semana. Están relativamente cerca unos de otros, las carreteras que los unen son un espectáculo en sí mismas, y cada uno tiene lo suyo: un castillo, un mirador, una calle imposible. No hace falta verlos todos. Con cinco bien elegidos te llevas la esencia y vuelves con ganas de más.
La logística es sencilla: coche imprescindible, dos noches mejor que una, y conviene no apretar el horario. La gracia de la sierra es pararse a mirar, no encadenar pueblos como quien hace cola.
Arcos de la Frontera, el balcón
Empieza por Arcos, el más conocido y con razón. El casco viejo se asoma a un precipicio sobre el río Guadalete, y la plaza del Cabildo tiene uno de esos miradores que te dejan callado un rato. Las calles son tan estrechas que hay un coche oficial que ayuda a los conductores a pasar por los puntos más justos. Aparca fuera y sube andando.
Grazalema, entre montañas
Más adentro, Grazalema cambia el registro. Aquí ya es sierra de verdad, verde, con el pueblo encajado entre montañas y fama de ser uno de los lugares más lluviosos de España, lo que explica lo frondoso del paisaje. Es base perfecta para caminar si te van las rutas, y el punto donde el aire empieza a oler distinto.
En la sierra de Cádiz el trayecto compite con el destino: cada curva abre una postal nueva.
Setenil de las Bodegas, bajo la roca
Setenil es el más sorprendente. El pueblo creció literalmente debajo de un saliente de roca, de modo que muchas casas y bares tienen por techo la piedra de la montaña. Pasear por la calle Cuevas del Sol, con la roca encima y el río al lado, es una experiencia rara y fotogénica. Aparcar es un suplicio: deja el coche en lo alto y baja a pie.
Vejer de la Frontera, el premio
Vejer no está en plena sierra sino más cerca de la costa, pero entra en cualquier ruta que se precie. Blanco, moruno, colgado de una loma, con un trazado de callejas que invita a perderse y plazas pequeñas donde sentarse al fresco. Aquí se come un atún de almadraba que justifica el viaje, pescado a la manera tradicional en estas costas desde hace siglos.
Medina Sidonia, para terminar
Cierra en Medina Sidonia, más tranquila y menos turística, con buenas vistas desde su parte alta y una repostería conventual de fama, los famosos alfajores y amarguillos. Es el pueblo donde recuperar el aliento antes de volver a casa, con la sensación de haber visto media provincia en dos días sin agobios.
Cómo organizarlo
Si vienes desde Sevilla o Málaga, entra por Arcos el sábado por la mañana, duerme en Grazalema o Vejer, y reparte el domingo entre Setenil y Medina. Lleva agua, calzado cómodo y la cámara cargada. Y resiste la tentación de meter dos pueblos más: la prisa es justo lo contrario de lo que ofrece este sitio.
3 comentarios
Vejer nos enamoró. Comimos atún de almadraba en una plaza diminuta y no queríamos irnos.
Ojo con aparcar en Setenil, es complicado. Dejamos el coche arriba y bajamos andando, mucho mejor.
Añado Zahara de la Sierra con su embalse turquesa. La subida al castillo merece cada escalón.