Lisboa en tranvía: siete paradas para perderse en la ciudad de las siete colinas
El viejo tranvía 28 es la mejor introducción a Lisboa, siempre que sepas cuándo bajarte.
Hay ciudades que se entienden andando y otras que piden un medio de transporte propio. Lisboa tiene el suyo: el tranvía 28, un cacharro amarillo de madera que cruje al subir las cuestas y que recorre lo mejor de la ciudad vieja. Cogerlo entero es una manera estupenda de orientarse el primer día, a condición de saber que va a ir lleno y que el truco está en bajarse en los sitios buenos.
Un aviso: madruga. Si lo coges a primera hora, antes de las nueve, irás sentado y verás la ciudad despertarse. A media mañana se convierte en una lata de sardinas con turistas colgando, y además es donde más actúan los carteristas. Bolso delante y ojo vivo.
Parada uno y dos: Graça y los miradores
Empieza arriba, en la zona de Graça. El mirador de Nossa Senhora do Monte es de los más altos y de los menos masificados, con toda Lisboa y el río Tajo abriéndose a tus pies. Un poco más abajo, el mirador da Graça tiene quiosco para tomar algo mirando el castillo.
Parada tres: Alfama, el barrio que sobrevivió
Alfama es el barrio más antiguo, el que resistió el terremoto de 1755 que arrasó media ciudad. Es un laberinto de callejones, escaleras y patios donde todavía huele a sardina asada y suena el fado por las ventanas. Bájate aquí y piérdete a propósito. El mirador de Santa Luzia, con sus azulejos y su pérgola, es el sitio para ver atardecer.
Alfama no se visita, se merodea. Cada callejón parece privado y en realidad es de todos.
Parada cuatro: la Sé y la Baixa
El tranvía pasa rozando la catedral, la Sé, una fortaleza románica que lleva ahí desde el siglo XII. Sigue bajando hacia la Baixa, la parte llana y reconstruida tras el terremoto con un trazado de cuadrícula muy moderno para su época. Plazas amplias, calles peatonales y el Arco da Rua Augusta abriéndose al río en la Praça do Comércio.
Parada cinco y seis: Chiado y Bairro Alto
El Chiado es la Lisboa elegante de los cafés literarios; aquí está A Brasileira, con la estatua de Pessoa sentado fuera. De noche, la fiesta se traslada cuesta arriba al Bairro Alto, un dédalo de bares minúsculos donde la gente bebe en la calle. De día duerme; de noche no para.
Parada siete: Estrela y un respiro
El 28 termina su recorrido cerca de la Basílica da Estrela y su jardín, un sitio tranquilo para sentarse cuando los pies ya piden tregua. Has cruzado Lisboa de punta a punta, has visto sus colinas, sus barrios y su río, y ahora ya tienes el mapa en la cabeza para volver a pie a tus rincones favoritos.
Antes de irte, un pastel
No te marches sin un pastel de nata caliente, espolvoreado con canela. Los de Belém son los famosos, pero casi cualquier pastelaria de barrio los hace buenísimos y sin cola. Con un café corto al lado, es la mejor manera de despedirse de Lisboa.
3 comentarios
Cogimos el 28 a las ocho de la mañana como decís y fuimos sentados todo el rato. A media mañana es imposible.
Soy de Lisboa y me ha gustado leer esto. Solo un apunte: cuidado con los carteristas en el tranvía lleno, es real.
El mirador de Santa Luzia al atardecer, con la música de fado de fondo, fue el momento del viaje.